domingo, 28 de abril de 2019

TRASCENDER LA SOMBRA





“Lo que más necesitas se encuentra donde menos quieres mirar, pero debes buscarlo a propósito. Si te persigue, entonces eres la presa; si te enfrentas a ella, puedes trascenderla”
Jordan Peterson

La sombra es algo que reprimimos y escondemos de los demás, y en la mayoría de los casos, de nosotros mismos.

¿Dónde se origina y qué podemos hacer para integrarla o curarla?

Empecemos preguntando, ¿Por qué tenemos una sombra? ¿Es porque llevamos la oscuridad en nuestro núcleo o la sombra toma forma a lo largo de nuestra vida como residuo de miedo, rabia, vergüenza y culpa, y su evitación?

Yo diría que un poco de ambos.

En el nivel colectivo humano, llevamos traumas relacionados con el sufrimiento y la agresión de nuestros antepasados. Pero en su mayor parte, nuestra sombra se desarrolla durante esta vida en forma de una personalidad compleja y sofisticada, que nos mantiene con un sentido de control.

En el fondo nos sentimos vulnerables, pero intentamos ocultarlo.

Nuestro mundo interior es complejo y, para algunos, insoportable. Continuamente enfrentamos y tememos la exposición de nuestra contradictoria complejidad, hacia nosotros mismos y hacia los demás. En lugar de profundizar en la profundidad de nuestra psique e invitar a una mayor conciencia, preferimos protegernos.

Cuanto más conscientes somos, más responsables somos de nuestras acciones.

Una de las razones por las que ocultamos tan meticulosamente nuestra sombra es porque no queremos llevar la consecuencia de nuestras acciones. Y así, nuestra vulnerabilidad y sombra están estrechamente vinculadas.

Hay muchas formas efectivas de no sentirse vulnerable y conservar un sentido de inocencia:

Cumplir con una moral estricta, adherirse a las ideologías, ya sean sociales o espirituales, o confiar en el dogma religioso, todos logran exactamente esa protección. El tipo de protección en la que nos abrazamos con sentimientos de rectitud e inocencia. Curiosamente, nuestro deseo de permanecer inocentes es una gran sombra en sí misma.

Entonces, mientras estamos ocupados reprimiendo y controlando, la sombra se alimenta y crece con cada intento de combatir el rechazo, la humillación o el castigo, así como las situaciones que nos dejan sintiéndonos culpables y avergonzados.

Estos son algunos ejemplos de cómo nuestra sombra oculta nuestra vulnerabilidad: Digamos que queremos ser reconocidos por algo que hemos hecho. En lugar de pedir reconocimiento, lo ocultamos a través de la falsa humildad y nos resentimos por no obtener la atención que sentimos que merecemos.

Otro ejemplo es nuestra necesidad de pertenecer y ser importantes para los demás. Pero una vez más, en lugar de comunicar esta necesidad, que nos hace vulnerables al rechazo, hacemos que otros se sientan importantes con la esperanza de ser elogiados por nuestras acciones.
Con el tiempo, hemos desarrollado innumerables formas sofisticadas para endulzar nuestras sombras y sentirnos en control.

La integración de la sombra comienza con una honestidad que no busca nada a cambio

Podemos ver que la mayor sombra tiene que ver con intentos de supervivencia de algún tipo.

Esto sucede cuando intentamos controlar nuestros entornos comportándonos como víctimas, obteniendo respeto a través de falsa humildad, superioridad moral y otras formas de manipulación. Cuando hablamos de integración de sombras, es crucial que seamos precisos en cuanto a cuáles son las facetas de nuestra sombra.

El “porque” hacemos estas cosas es de importancia secundaria, porque la lista de razones es interminable y la fuente absoluta es difícil de identificar, pero el impulso de limitar nuestra vulnerabilidad sigue ahí.

La integración de la sombra, no es una rendición, sino que es la comprensión del funcionamiento interno de la vulnerabilidad y la protección, que están estrechamente relacionados con nuestro sentido de supervivencia, tanto física como emocional.

Además, queremos enfrentar nuestras sombras, no para sentirnos mejor o más ligeros en el futuro, sino para estar más integrados dentro de nosotros mismos y disminuir la sensación de separación que produce la sombra. Queremos devolver la integridad que viene con la responsabilidad de pertenecer a una historia y cultura que experimenta mucho sufrimiento y es más grande que nuestro ser individual.

Integrar nuestra sombra implica permitir que la oscuridad sea parte de nosotros, sin el deseo de superarla.

No hay un resultado seguro de integrar la sombra y eso es una píldora difícil de tragar. Lo que estamos “haciendo” simplemente, es traer algo oculto a la luz, sin el intento de hacerlo más o menos significativo o dramático, sino más bien verlo tal como es, volvernos más conscientes.
Cuanto más emocionalmente inducimos a la caracterización de nuestra sombra, menos integración tiene lugar. La integración de la sombra debe ser un acto no dramático., rodeado de un toque de frialdad, donde observamos en quién nos hemos convertido.

Sentiremos el dolor de las mentiras, la traición y el dolor a los demás durante  esta observación- Y el proceso de hacerlo, reprimir el juicio, positivo o negativo, es un verdadero desafío.

Curar la sombra es un proceso mágico en el que somos participantes, no el director.

El gran desafío en la integración de la sombra es aumentar nuestra capacidad para estar o tener una experiencia sin tener la capacidad de cambiarla.
Lo que se ha hecho en el pasado y no se puede deshacer, solo se puede sostener y si se sostiene con paciencia, pueden surgir y verse más facetas. Como cunado un niño se lesiona a sí mismo, solo podemos hacer que compartan el dolor de esperar que produzca la curación, pero la magia de la curación tiene su propia y misteriosa línea de tiempo.

La vida viene con muchas limitaciones y la sombra intenta interferir con la vida misma. Enfrentar nuestra sombra es un acto espiritual de abrazarnos y permitir que incluyamos un poco más de nuestra totalidad humana. A través de esta experiencia, podemos ponernos en contacto con una humildad y simplicidad, que a menudo puede tocar algo en nuestro núcleo, lo cual es místicamente significativo y en expansión.

Si nos damos cuenta de esto podemos decir que hemos comenzado a asumir responsabilidades, a aceptar y reconocer que nuestra evolución se agranda cuando comienza la integración de nuestra sombra.


martes, 16 de abril de 2019

A MAS APARIENCIA, MÁS CARENCIAS.





Dime de qué presumes y te diré de qué careces” dice un refrán popular que algunos han condenado al ostracismo de las verdades molestas. Prisioneros de la dictadura de la apariencia, víctimas de una sociedad de consumo en la que cuanto más tienes más eres, es fácil caer en el error de preocuparnos demasiado por brindar una imagen social de éxito y felicidad, olvidándonos de nuestro auténtico bienestar. 

Seducidos por el canto de sirenas de las redes sociales, que nos prometen una identidad virtual exitosa e impecable, podemos llegar a priorizar tanto nuestra imagen social que el “yo” termina siendo un actor secundario, relegado a un segundo plano, donde languidece en la insatisfacción de lo que podía haber sido, pero no fue.
Complejo de Eróstrato: Especialistas en el arte de aparentar 

Corría el año 356 a. C. cuando en una cálida noche sin luna, un hombre llamado Eróstrato se introdujo a hurtadillas en un templo, se apoderó de una lámpara y la acercó a la tela que envolvía la estatua de Artemisa para incendiarla. Así destruyó el templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo antiguo. 

Su mano se movió motivada por la fama. No perseguía otro fin que pasar a la posteridad. Hoy el “complejo de Eróstrato” se utiliza para indicar a aquellas personas que buscan sobresalir a toda costa, que quieren distinguirse y ser el centro de la atención, pero en vez de desarrollar sus cualidades y capacidades para realmente aportar valor, destruyen o construyen una personalidad ficticia. 
Las personas que priorizan las apariencias no han desarrollado completamente todas las facetas de su “yo” y necesitan recurrir a un personaje ficticio para hacer creer a los demás - o autoafirmarse en la creencia – que tienen éxito y son importantes. Para lograr su objetivo, no dudan en inventar o adornar excesivamente situaciones de todo tipo que les permitan transmitir la idea de que llevan una vida feliz y exitosa. 

Estas personas ostentan sus posesiones materiales sin pudor y a menudo también se vanaglorian de sus relaciones sentimentales ya que para ellas son un logro más. Jamás tienen problemas, su vida es simplemente perfecta. De hecho, a veces llegan a creerse tanto el personaje que han construido que, aunque la vida se esté desmoronando a su alrededor como el frágil castillo de naipes que es, se niegan a reconocerlo. 

¿De dónde proviene el deseo de aparentar lo que no somos? 

En la base de las apariencias se encuentra una profunda necesidad de ser aceptados y amados, así como de sentir que somos importantes. Cuando somos pequeños, nos damos cuenta de que los “buenos comportamientos” son premiados en forma de afecto y aceptación, de manera que comenzamos a adaptarnos al medio para obtener la aprobación que necesitamos. 

En la etapa adulta esa respuesta adaptativa puede transformarse en un patrón neurótico. La persona que vive de las apariencias depende casi por completo de las opiniones de los demás, por lo que construye una imagen ficticia con la que pretende granjearse la aceptación que necesita. 

El problema es que en muchos casos termina identificándose con esa imagen. Lo que inicialmente era una respuesta de supervivencia, termina convirtiéndose en una sobreadaptación y la persona decide y actúa buscando la aprobación ajena, olvidándose de sí misma. Se olvida de construir una vida que la haga sentir bien, para crear una vida que se vea bien desde fuera. 

En el fondo, esa búsqueda de aprobación esconde un profundo miedo a ser rechazado y perder el afecto. Estas personas piensan que si se muestran tal cual son, si son auténticas, los demás no las aceptarán. Eso significa que no aceptan algunas de sus características, pero en vez de emprender un trabajo interior para cambiarlas, simplemente deciden esconderlas. Por eso, cada apariencia es el reflejo de una carencia, una meta frustrada y/o un rechazo interior. 

Quien vive para aparentar se olvida de vivir

Las personas que viven para aparentar no han desarrollado una buena conciencia de sí mismas, no tienen una autoestima sólida, sino que dependen emocionalmente de las valoraciones de los demás. Eso les lleva a perder la conexión consigo mismas, no son capaces de identificar sus propias necesidades y pierden de vista los objetivos en la vida ya que su meta se limita a buscar la aprobación construyendo una máscara tras la cual esconderse. 

Como dijera el escritor francés La Rochefoucauld: “Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos”. De hecho, es habitual que estas personas se queden atrapadas en la máscara que han construido, víctimas de la superficialidad y las apariencias, sin poder establecer relaciones sólidas y profundas ya que siempre están ocultando su verdadero “yo” y se relacionan a través de una personalidad maquillada. 

Por otra parte, mantener esa imagen de perfección no suele ser fácil. Ya lo decía Karl Kraus: “aparentar tiene más letras que ser”. La persona que quiere ser fiel al personaje que ha construido tiene que someterse a un férreo control y supervisión constante, de manera que sufre una gran presión autoinfringida que puede hacerla estallar en cualquier momento. Y eso no es felicidad. De hecho, es lo más alejado de la felicidad que se desea aparentar. 

De esta manera, cuando más intentemos aparentar, más lejos estaremos de alcanzar eso que aparentamos. Es una doble atadura psicológica porque cuanto más nos preocupemos por aparentar ser felices, menos tiempo tendremos para intentar descifrar que nos hace felices de verdad. 

¿Cómo escapar de las apariencias en la sociedad de las apariencias? 

No podemos negar que la presión social existe y que a todos nos agrada ser aceptados. Sin embargo, debemos asumir que todos no aprobarán cómo vivimos o lo que pensamos. Y eso no significa que tengamos menos valor, simplemente significa que somos únicos. La búsqueda de aceptación y la adaptación terminan allí donde comienza a corroer nuestra identidad empujándonos a convertirnos en algo que no somos.
Jennifer Delgado


domingo, 14 de abril de 2019

IDENTIFICACIÓN




El ego se forma cuando nos identificamos con algo que no somos. Te puedes identificar con el cuerpo, con la mente, con las personas de tu entorno, pero en el mismo momento en el que identificas, te pierdes. En eso consiste el ego, y así es como se forma y como cristaliza.

Lo que tienes que comprender es que tu no eres la mente, ni el lado oscuro ni el luminoso. Si te identificas con la parte luminosa, la parte que te parece mas bonita de las personas y de las situaciones, te resultara imposible des-identificarte de la parte oscura, ya que son dos caras de una misma moneda. O la tomas en su totalidad, o la dejas en su totalidad, pero no puedes dividirla.

Toda la angustia del ser humano se reduce a que quiere elegir lo que parece hermoso, luminoso; quiere quedarse con el entorno plateado y dejar a un lado la nube oscura, sin comprender que el entorno plateado no puede existir sin la nube oscura. La nube oscura es necesaria para que resalte el plateado.

En cuanto dejas de elegir, desaparecen todas las preocupaciones. Se acepta plenamente que así tiene que ser la mente, que así es su naturaleza y que no es problema  tuyo, porque tú no eres la mente. Tú eres algo distinto Solo eres un testigo; nada más.

Pero tú mismo creaste el conflicto, al abandonar tu posición de simple testigo te identificaste.

Si consigues dejar de identificarte con la mente, aunque solo sea unos momentos, veras que deja de existir todo lo que antes la llenaba y la hacia actuar--un día sí y otro también, durante el sueño y en la vigilia--

Entonces desaparece la personalidad, y muchas otras cosas que considerabas muy importantes y que tanto te preocupaban. De hecho, intentabas resolverlas y cada día se volvían más complicadas, todo suponía un problema.

Tú eres un observador, si te identificas con las cosas bonitas y te quedas atrapado por ellas, también quedaras atrapado por las cosas feas, porque la mente no puede existir sin la dualidad. La conciencia no puede existir con dualidad, mientras que la mente no puede existir sin ella.

La conciencia no es dual, la mente sí, de modo que la única solución consiste en retroceder y mirar. Has de crear una distancia entre la mente y tú. Mirarlo todo como podrías ver una película, sin identificarte con lo que ocurre a tu alrededor.

Esa es la forma correcta para que no te "atrape" la vida, y para que aparezca el Ser. En ese momento te volverás universal, estando integrado a un Todo.

sábado, 13 de abril de 2019

ARMONÍA EN TU VIDA






DECÍA SÉNECA QUE; “SUFRIR ANTES DE TIEMPO ES SUFRIR DOS VECES”.

Si uno cultiva su paz interior mediante la práctica de la acción correcta, sentirá tal grado de confianza que cualquier anticipación acerca de lo mal que pueden ir las cosas, será interpretada por su mente profunda como un pensamiento virus y su disolución será automática.

La anticipación negativa de acontecimientos dolorosos genera sufrimiento en el presente de lo que, paradójicamente, puede suceder o no en el futuro ¿Acaso no es mejor pensar que cuando las cosas sucedan, dispondremos de soluciones certeras?

En realidad, antes de que suceda lo que uno teme, lo más probable es que alguno de los elementos implicados haya sufrido alguna modificación. ¿Acaso no puede suceder también que cuando llegue el mañana, pueda incluso ya darnos igual lo que hoy nos atormenta?

Existen personas que tienen un cierto grado de adicción a vivir e incluso perpetuarse en el problema. Sus mentes tienen el hábito de crearse tensión e incertidumbre acerca de lo que llega. Es muy frecuente que el programa mental de anticipación y victimismo de estos seres humanos haya sido fotocopiado de alguno de sus progenitores.

Un aspecto que, si bien ayuda a comprenderlos, no les exime del trabajo de instalar nuevos programas con nuevas ideas. Para conseguir tal reorientación positiva, primeramente conviene ser consciente de los momentos cotidianos en los que salen a la luz nuestras emociones destructivas.
Seguidamente, es aconsejable cultivar la atención sostenida al trazado de nuevas opciones de pensamiento más profundas y expansivas. De otro modo, las ideas estériles, además de intoxicar a la mente, al cuerpo y al medio ambiente, angustian y atormentan.

Las estadísticas más recientes señalan que el 90% de los sufrimientos que el ser humano padece son generados por cosas que no han sucedido no van a suceder.

El hecho de aprender a erradicar tales pensamientos negativos de la corriente mental supone el verdadero trabajo de atención a uno mismo. Cuando la mente es invadida por semejantes ideas, la persona se ve obligada a mantener un constante estado de alerta.
Se trata de una gimnasia mental que, sin duda, fulmina los pensamientos inútiles e indeseables y ayuda a conocer los entresijos que discurren en una mente abierta. Esta práctica también propicia a relativizar el mundo de las ideas y posibilita un salto en la expansión de consciencia.

Es frecuente observar como muchas madres tildadas de “buenas” se anticipan a imaginar desgracias en sus hijos mayores cuando éstos se retrasan en llegar a sus casas. Cuidado con ese aspecto de algunos seres que se preocupan “tanto” por los demás, cuando afirman que lo hacen porque los quieren y “necesitan”. Tal vez, dichos vínculos, en la mayor parte de los casos, tienen que ver más con patrones patológicos de dependencia que con relaciones de amor y convivencia.

Los hechos que acontecen en la vida son totalmente neutros en realidad, es nuestra mente la que interpreta y da significado positivo o negativo a las cosas que pasan.

Desde tal perspectiva, aprender a pensar bien de lo que nos sucede es una de las más valiosas competencias del ser humano.


lunes, 4 de febrero de 2019

LOS AGUJEROS NEGROS





La mayoría de los seres humanos se bombardean a sí mismos con continuos pensamientos negativos, tales como: “no puedo hacer esto, esto no es para mí, soy débil, debo esconderme de los demás porque no soy bueno, el mundo no es un lugar seguro, probablemente esto saldrá mal”, etcétera.  


¿Cómo hemos llegado a este punto de auto infringirnos daño? ¿Por qué actuamos así? La razón de esta conducta auto destructiva es que todos nosotros tenemos en algún punto, sea en esta vida o en otra pasada, un trauma. Los traumas son experiencias negativas de tal intensidad que nuestra personalidad no puede manejarlas; una parte de nuestra percepción se ‘congela’ y se mantiene atascada en el tiempo.              

Fijaos por ejemplo en alguien quien en una vida pasada experimentó la ocupación de su país por una guerra. La gente era arrestada en las calles y súbitamente desaparecía. Había una amenaza continua de violencia y nadie se sentía seguro. La personalidad de esa vida pasada sufrió intensamente del temor aplastante y no pudo reconciliarse con esta situación mientras vivió.
Una parte de esta persona se traumatizó y quedó atascada en el tiempo, atascada en la realidad de la guerra y le sigue enviando mensajes a la personalidad actual como si estuviese todavía en la guerra: ‘la vida es peligrosa, hay mucha violencia allá fuera, no puedes confiar en nadie, eres impotente’. La personalidad actual no comprende que estos pensamientos persistentes se relacionan con una realidad muy diferente, él simplemente cree en los mensajes y se acostumbra a ver la vida a través de los ojos de la personalidad de la vida pasada traumatizada.
Los extraños son vistos con suspicacia, hay una sensación de tragedia y un temor a la violencia siempre de fondo, y la creencia de que es mejor encerrarse en la casa, porque si sales es posible que no regreses.      

La parte traumatizada de nosotros es la mayor fuente de temores que sufrimos. Daos cuenta de  que el temor siempre nos dice que hay algo allá fuera que es peligroso, hostil y dañino. El temor logra que nos enfoquemos en el mundo exterior como la fuente de nuestros problemas, y no en el propio trauma.

Cuando alguien que le tiene terror a los perros está en la misma habitación que un perro, toda su atención estará enfocada en el perro, excluyendo todo lo demás. Pero la mayor parte del tiempo el perro no es el problema, el asunto real es su temor a los perros. Si nos mantenemos enfocados en lo externo a nosotros, nuestra percepción se distorsiona. Nos enfocamos en aquello a lo que tememos y por tanto tendemos a verlo en todas partes, nuestro temor exagera el peligro real y consumimos gran cantidad de energía tratando de evitarlo.   

Este patrón reactivo crea un círculo vicioso: el temor limita nuestra percepción de la realidad de tal forma que la realidad parece confirmar y justificar nuestros temores aún más. Cuando leemos el periódico nuestra atención es atraída automáticamente hacia las noticias sobre perros que atacan a las personas o que expanden enfermedades contagiosas. Cuando caminamos por la calle, los perros nos parecen amenazadores, listos para saltar sobre nosotros. Este círculo mantiene prisionera la parte que en nosotros se encuentra traumatizada  y esa parte no se puede liberar hasta que el círculo se rompa.

Una parte traumatizada de la personalidad, atrapada en un círculo vicioso, puede ser vista como un agujero negro dentro de nosotros.   Chupa la energía, chupa la luz y nos revierte al pasado, a momentos en el tiempo donde nuestra percepción se congeló y atascó.

Discutir con personas que están en un agujero negro, esto es, que tienen una percepción limitada y basada en el temor de un asunto en particular es casi imposible. Cuando les tratamos, ellos inmediatamente señalan las ‘razones’ innumerables que sostienen su visión. Ellos se niegan a abrirse a la posibilidad de que su temor – y no el mundo exterior – sea realmente el problema. Están convencidos de su temor es provocado por amenazas reales en el mundo exterior y que por tanto es razonable y justificado.
Si nosotros no mostramos concordancia con ellos, se nos catalogará como ingenuos ya que nos negamos a ver lo obvio bajo nuestra nariz. Mientras mayor el temor, más rígidas y firmes las creencias. Muchos sitios Web en Internet que están llenos de predicciones desastrosas y teorías de conspiración, se originan en agujeros negros a nivel interno.

Los agujeros negros pueden ser tan poderosos que chupan la personalidad en su totalidad: en tales casos surgirá la paranoia (sospecha extrema).Todo lo que las personas digan o hagan se interpreta de forma negativa lo cual hace imposible la comunicación normal. Se percibe que la amenaza y la conspiración están en todas partes. Los amigos y familiares que tratan de romper el conjuro de sus obsesiones se consideran bajo la influencia de fuerzas malévolas. La persona paranoica se ha aislado y encarcelado dentro de su propia mente.

Hasta cierto punto todos sufrimos de paranoia. Casi todos tenemos un agujero negro respecto a cuestiones particulares que distorsionan nuestra percepción y nuestra relación con los demás.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Comprender que hay un agujero negro dentro de nosotros

El primer paso y el más importante es reconocer que una parte nuestra se ha traumatizado y nos está enviando mensajes que no son los correctos. Cada vez que nos demos cuenta de que nuestros pensamientos son particularmente negativos, o cuando nos sintamos desproporcionadamente atemorizados esperando lo peor, preparémonos para ir a nuestro interior, al agujero negro y enfrentar la parte traumatizada.


Haceos las siguientes preguntas:

“¿puede ser  que haya un agujero negro en mi interior?

¿Puede ser que haya una parte mía traumatizada que distorsiona toda mi visión de la realidad, una parte que me desconecta de todas las cosas buenas y positivas que suceden a mi alrededor?

¿Está mi visión de la realidad y mi actitud hacia la gente basada en el temor y no en el amor?’ 

Entrad al agujero negro

Entrad al agujero negro no para sufrir, sino para traer luz y amor a esta parte nuestra. Imaginad la parte traumatizada. Imaginad por ejemplo que es un niño perdido y comprended que necesita mucho amor y cuidado. Conectaros con este niño, miradle a los ojos y sentid que es lo que necesita para liberar gradualmente el temor.

Cada vez que os encontréis albergando pensamientos negativos, sentimientos oscuros o temores irracionales respecto a la vida, a la gente o a la sociedad, animaros  a ir a vuestro interior. Buscad el agujero negro que hay en vosotros: la prisión de la parte traumatizada. Estad presentes como un ángel amoroso, llevadle consuelo, seguridad y luz.

Deciros la verdad a sí mismos    

El evangelio de Juan dice: “la verdad os hará libres”. Las palabras que son ciertas transmiten enorme poder. La verdad se origina a partir del amor, no del temor. Sentid  el amor que está disponible en el universo, sentid el amor de la madre Tierra por la humanidad, sentid el amor dentro de vosotros y enfrentad vuestra parte traumatizada desde este amor. Desde esa fuente, formulad un grupo de oraciones breves y repetidlas en voz alta: 

Por ejemplo:

- La vida es buena conmigo.

- La Tierra ama a la humanidad y nos ayuda.

- La humanidad está despertando y volviéndose más consciente de esta unidad, esta unidad comienza a manifestarse en todas partes.

Decir este tipo de mensajes se convierte en un instrumento poderoso cuando deseamos liberarnos de pensamientos basados en el temor.

Hoy en día hay mucha literatura sobre el ‘pensamiento positivo’. La gente se para delante del espejo y comienza a repetirse mensajes positivos: afirmaciones. Esto tiene sentido solamente si los mensajes son ciertos y son ciertos cuando se basan en el amor.  

Algunos se repiten a sí mismos: ‘soy rico, soy rico’, esperando que esa realidad de vida a su intención. ¿Pero está basada esa afirmación en amor, o en temor a la carencia, el temor de que el universo no cuide de ellos? Si ese fuese el caso, la afirmación no funcionará. 

Antes de comenzar a repetir afirmaciones incansablemente, regresad a la Fuente. Conectaros con el amor dentro de vuestro corazón, y ved qué mensajes surgen de ese pozo. Empezad por amar y abrazar esa parte traumatizada vuestraLas afirmaciones basadas en el temor no funcionan.

Si la afirmación es correcta, no es esencial que la repitáis a menudo. ¿Alguna vez habéis experimentado que alguien ha dicho algo que a vosotros os suena verdaderamente cierto? ¿Fue necesario que este mensaje se os repitiera todo el tiempo? Probablemente no. Si una oración que realmente os parece verdadera se dice en voz alta con la intensidad correcta, no tenéis que repetirla. Una vez al día es suficiente.

Sin embargo el primer paso y el más importante en este proceso de tres pasos es el de enfrentar honestamente el agujero negro dentro de nosotros. Tan pronto comprendamos que el temor distorsiona nuestra percepción, podemos comenzar a abrazar ese temor con amor, y desde ese amor encontrar afirmaciones que sean verdaderas y efectivas.


domingo, 3 de febrero de 2019

EL MUNDO NO CONSPIRA CONTRA TI





Cuando alguien te falta el respeto, no te trata bien o te decepciona, es fácil llevar ese comportamiento al plano personal. Es probable que te culpes por lo ocurrido o que pienses que esa persona tenía algo en tu contra. Sin embargo, tomarte las cosas de manera personal es emocionarte agotador e implica un arduo trabajo cognitivo completamente innecesario que terminara dañando tu autoestima.

Existe una gran diferencia entre ser reflexivo y tomarse las cosas de manera tan personal que termine dañando tu equilibrio psicológico. Si aprendes a no tomarte nada personal, tendrás un mayor control sobre tus respuestas y emociones, no permitas que estas dependan de los comportamientos de los demás. Sin duda, se trata de una gran conquista en tu camino de crecimiento personal que te reportara una enorme paz interior.

¿Qué significa no tomarse las cosas como algo personal?

Llevar las cosas al plano personal es una distorsión cognitiva bastante común que se denomina personalización. La personalización implica involucrarnos demasiado en las situaciones, viéndonos como el ombligo del mundo y pensando que absolutamente todo gira a nuestro alrededor.

El problema es que esta forma de pensar  y afrontar la realidad puede hacernos muy miserables, generando un estado de disconfort permanente y un gran sufrimiento mental. Es probable que terminemos experimentando emociones como la ansiedad, la ira o la culpa. Y eso no es bueno.

No es menos cierto que resulta muy difícil no tomar las críticas, comentarios ofensivos o humillaciones de manera personal. Los comportamientos, palabras y actitudes de los demás nos afectan, no podemos evitarlo. Sin embargo, podemos aprender a gestionar esas primeras reacciones adoptando una distancia psicológica de la situación,  para evitar que esta nos dañe o nos suma en un círculo vicioso de pensamientos negativos recurrentes.


Los tipos de personalización más dañinas y cómo evitarlas


1. Asumir las desilusiones y batallas de manera personal

Todos experimentamos decepciones y tenemos que afrontar diferentes batallas en la vida. Sin embargo, cuando personalizamos tendemos a percibir esos eventos, que en muchas ocasiones son inevitables, como el resultado de un fallo nuestro o como la confirmación de que el universo conspira en nuestra contra. Si nos niegan el ascenso, por ejemplo, podemos pensar que el jefe no nos aprecia o que nos tiene manía, aunque en realidad podría deberse a otras mil razones.

Cuando llevamos las cosas al plano personal, en vez de considerar todas las opciones posibles, nos limitamos a valorar aquellas alternativas directamente vinculadas a nosotros, llegando probablemente a conclusiones erróneas que luego determinaran nuestro comportamiento y se convertirán en una profecía que se autocumple.

¿Cómo dejar de tomarse esas cosas de manera personal?


-Concientiza tu tendencia a tomar las cosas de manera personal, sobre todo cuando las situaciones se escapan de tu control o no ocurren como habías previsto. Toma conciencia de cómo reaccionas ante las situaciones que generan decepción y aprende a superar la frustración. ¿Llegas inmediatamente a la conclusión de que es culpa tuya o piensas que el Universo entero está en tu contra?

Reconocer esa tendencia a tomarte las cosas de manera personal es el primer paso para cambiar este patrón de pensamiento. Solo cuando reconoces la personalización puedes preguntarte si tu respuesta es racional y buscar explicaciones alternativas.

En cierto punto llegaras a la conclusión de que las desilusiones son parte de la vida, no podemos obtener siempre lo que queremos porque muchas veces esas cosas no dependen exclusivamente de nosotros. Se trata de comprender que en ocasiones la vida es difícil, pero todo es aún más difícil cuando te tomas las baches del camino de manera personal.  En realidad, todos tenemos que pasar por esos baches, no es nada personal. El universo no conspira contra ti. Tú conspiras contra ti cuando te lo tomas como algo personal.

-Reconoce que no siempre conoces los motivos detrás del comportamiento de los demás. Cuando alguien te decepciona, en vez de tomarlo como algo personal e intentar adivinar los motivos de ese comportamiento, simplemente asume que no siempre puedes saber por qué las personas  se comportan de cierta forma. El mundo no gira en torno a ti. Existen mil variables más que pueden estar determinando el comportamiento de esa persona.

En muchos casos las críticas, los desaires o incluso las humillaciones dicen más de esa persona que de ti. De hecho, en muy pocos casos la magnitud y la intensidad de ese comportamiento son proporcionales a lo que has hecho o dejado de hacer sino que dependen del estado de ánimo anterior de esa persona, de las expectativas que tenía y de mil factores más que escapan a tu control.

2- Asumir la felicidad, decepciones y batallas de otras personas de manera personal.

Esta es la segunda forma que toma la personalización que puedes poner en práctica. Crees que eres responsable de los demás, de sus comportamientos e incluso de sus sentimientos. Crees que la felicidad-o infelicidad- de los demás depende de ti, de manera que hacer tuyas sus batallas y arrastras sus fracasos como si fueran propios.

Este mecanismo de personalización no solo te hace daño a ti, puesto que te obligas a cargas con un pesado fardo que no te corresponde, sino que también daña a la otra persona ya que, al asumir sus responsabilidades, le impides madurar y hacerse cargo de su propia felicidad.

¿Cómo dejar de tomarse esas cosas de manera personal?

-Cuestiona la validez de tus creencias. ¿Hasta qué punto realmente ers responsable de los éxitos o la felicidad de los demás? Es obvio que cuando se trata de personas cercanas, tu comportamiento influirá en su bienestar, pero no debes olvidar que, en última instancia, esas personas deben tomar sus propias decisiones, por lo que tu influencia será bastante limitada.

No puedes controlar su vida no tomar decisiones en su lugar, no seria justo, por lo que tu nivel de control es limitado. Y eso te lleva a una conclusión: no eres responsable por sus éxitos ni fracasos, por lo que no debes tomarlos como algo personal. Puedes estar dispuesto a ayudar, pero aun así no puedes evitar que esas personas prueben las dos caras de la vida.

Superar esta segunda forma de personalización puede representar un enorme desafío para muchas personas, sobre todo cuando han asumido que son responsables de la felicidad de sus hijos, pareja u otras personas cercanas.

Sin embargo, dejar de sentirte responsable por la vida de los demás no solo es liberador sino que probablemente también mejorara la relación con esa persona.

De una forma u otra, si no te tomas nada personal, tú también serás libre, retomaras el control de tu vida emocional y podrás tomar mejores decisiones desde una perspectiva más desapegada y objetiva. Es un cambio que vale la pena.


martes, 29 de enero de 2019

ATADURA PSICOLÓGICA





Cuando un insecto se pega en una telaraña, el pánico se apodera de él. Se mueve con todas sus fuerzas para intentar zafarse, pero esos movimientos, que deberían liberarle, en realidad le atan aún más a la telaraña y terminan siendo fatales ya que avisan a la araña de su presencia.

Ese patrón también se repite en nuestra vida. A veces nos convertirnos en prisioneros de nosotros mismos y, en el intento de escapar, terminemos aún más enredados en las redes que hemos construido a nuestro alrededor. Creamos, sin darnos cuenta, callejones sin salida, dobles ataduras psicológicas que nos mantienen atrapados en una situación que nos daña o nos provoca malestar.

¿Qué es la doble atadura psicológica?

La doble atadura psicológica es una situación en la que cuanto más nos esforzamos por “solucionar” un problema, más lo complicamos, cuanto más nos esforzamos por deshacernos de una emoción o pensamiento, más la reforzamos.

Alan Watts resumió la idea de la doble atadura psicológica de forma magistral: “crear un problema intentando resolverlo, afligirse porque uno se aflige y temer el temor”

Nosotros mismos creamos una situación de la que no podemos salir airosos porque cada intento de escapar suele reforzar el problema o crea nuevos obstáculos. Creemos que buscamos salidas, pero en realidad nos dedicamos a tapiarlas.

¿Cómo funciona la doble atadura psicológica?

Las quejas son un ejemplo perfecto para comprender cómo funciona la doble atadura psicológica en nuestro día a día. Los lamentos no solo expresan un estado de descontento sino que también multiplican las dificultades porque nos centramos únicamente en los obstáculos y las consecuencias negativas del hecho por el cual nos quejamos.

Lamentarse es como ponerse una venda en los ojos deseando ver los colores del mundo. Al desarrollar una visión negativa de lo ocurrido, nos impedimos encontrar la solución ya que nuestra mente se convierte en una fábrica de problemas. Cuando nos maniatamos a las quejas, a todo lo que ha ido mal y a lo que puede ir mal, nos condenamos a la inmovilidad.

Las quejas hacen que, al problema, tengamos que sumar además un problema de actitud ante las circunstancias, más la negatividad mental que nos impide encontrar soluciones. Por eso, lamentarse se convierte en un callejón sin salida, una doble atadura psicológica.

Obviamente, existen muchas otras situaciones de la vida cotidiana en las que nos maniatamos de pies y manos.

Tal es el caso de los pensamientos recurrentes negativos, por ejemplo. Cuando queremos apartar un pensamiento indeseado de nuestra mente, el intento de dejar de pensar en ello activa un mecanismo de hipervigilancia que refuerza aún más ese pensamiento. Es una batalla perdida de antemano porque caemos en la trampa que nos tendemos. Cuanto más intentes dejar de pensar en los elefantes rosa, más pensarás en ellos.

Cada vez que nos preocupamos por preocuparnos, le tememos a la ansiedad o nos deprimimos porque estamos tristes, estamos creando una situación de la que nos resulta imposible escapar porque no se puede solucionar un problema con la misma mentalidad con que se creó.

¿Cómo deshacer ese doble nudo psicológico?

La clave, o al menos una de ellas, radica en la no-acción o el principio del Wu-Wei, o sea, dejar que todo siga su curso natural. Si no te esfuerzas por apartar un pensamiento de tu mente, antes o después este desaparecerá porque el curso natural de la mente implica saltar de un pensamiento a otro sin aferrarse a ninguno en especial.

Un estudio realizado en la Universidad de Wisconsin comprobó que las personas que intentan suprimir activamente sus pensamientos indeseados terminan más estresadas por los pensamientos que desean eliminar.

Al contrario, aquellos que aceptan de manera natural esos pensamientos intrusivos se obsesionan menos con ellos y, como resultado, sufren menos ansiedad y tienen niveles más bajos de depresión.

Otro estudio más reciente llevado a cabo en la Universidad de Toronto desveló que ese mismo principio se aplica a los estados efectivos. Aceptar las emociones negativas reduce su intensidad, permitiéndonos pasar página más rápido y con menos sufrimiento.

Por tanto, si no alimentas el miedo al miedo, la preocupación por las preocupaciones o la tristeza, esas emociones terminaran desapareciendo, como si fueran nubes arrastradas por el viento. Se trata de una aceptación radical, de asumir una actitud de desasimiento mental en la que nos separamos de la mentalidad que creó el problema para poder solucionarlo.

Un poema de Seng-ts´an llamado “Tratado de la fe en la mente”, es particularmente revelador para deshacernos de la doble atadura psicológica:

“La persona sabia no se esfuerza;

El ignorante se sujeta a sí mismo;

Si obras con tu mente sobre tu mente,

¿Cómo podrás evitar una inmensa confusión?