domingo, 1 de diciembre de 2019

EQUILIBRANDO ENERGIAS



Un nuevo paradigma del ser se está abriendo.

 
Está aquí a nuestro alrededor. Pero a veces es muy difícil equilibrar la conexión a este "nuevo mundo" con el día a día en la sociedad que vivimos, sobre todo, porque no todo el mundo está todavía leyendo este divino 'guion'.

 

Vivimos en un mundo que está fuera de equilibrio con la naturaleza, y por lo tanto fuera de la alineación con la armonía natural del universo.

Como conciencia separada y luego condensada en la forma, la Conciencia de Unidad sigue desestabilizando las energías de baja vibración, mientras realiza el viaje de regreso a la fuente.

 
Son muchos los que han despertado y más que nunca, se está sintiendo la combustión interna del cambio. Esto hace que se honre y exprese la verdad de cada uno, en cada momento, no sólo con palabras, sino en toda acción física, emocional y metal que tomemos. Con nuestra actitud conseguiremos una limpieza interna de la energía y de los patrones de comportamiento bloqueados y obsoletos.

 
Así que después de despertar, el primer reajuste es conectarse hasta este flujo interminable de la verdad y el amor, dándonos cuenta de que todo lo que sucede sirve para expresar nuestra verdad como acción correcta. Esto no significa enjuiciar las cosas como “bueno” y “malo” o “correcto” y “equivocado”. Significa que cada acción debe estar alineada con el flujo universal.


No siempre es fácil expresar el alma. Podemos sentir en nuestro interior una confrontación, a veces un conflicto, a medida que desafiamos las formas de antaño. Sobre todo, no es fácil debido a la Matrix en la que vivimos.


La Matrix se ha convertido en un gran desafío para todos aquellos que quieren expresar y vivir la verdad más elevada. No solo eso, sino que la Matrix actualmente posee todos los recursos, si queremos sobrevivir, tendremos que interactuar con ella de alguna manera. A pesar de que la mayoría de gente que nos rodea, no siente la conexión universal que fluye como nosotros la sentimos. 

 
 Aquí es donde tenemos que invocar la fuerza y el equilibrio del Rayo 4, que es el que nos ayuda a mezclarnos con múltiples realidades, nos ayuda a empatizar y también nos influencia para aceptar incondicionalmente. Este Rayo 4 es el “puente entre los mundos”.


¿Cómo llevamos esto a la vida diaria?

 
Primero tendremos que reconocer que estamos aquí para influir y cambiar las energías de la realidad. No se supone que debemos estar aislados, por el contrario tendremos que relacionarnos con los demás, incluso si la gente reacciona con ira o con miedo. Si nos damos cuenta de esto, volvamos nuestra mente hacia el interior y sentiremos una cascada de calma fluir alrededor nuestro, como expresión de nuestro equilibrio.

 
En segundo lugar, mientras permanecemos con los pies en la Tierra, debemos de reconocer y honrar la verdad del otro. Aunque notemos que esa es de baja vibración, todavía es su verdad y es real para él. No debemos esforzarnos en influenciar, no llegaríamos a ninguna parte y crearíamos una situación violenta.

 
Lo creamos o no, estamos viviendo en dos mundos en este momento. El paradigma más alto está infundiendo a este mundo inferior, trabajando para transformarlo. Hay una fuerte dependencia de la muleta de los viejos comportamientos. Los valores del viejo mundo están acostumbrados a estar en la sombra, y les asusta la luz.

A pesar de todo, nos damos cuenta de que estamos en un mundo creado por la ilusión en el que nuestro propósito debe de ser la expresión de nosotros mismos, y así, permanecer en la verdad.

Al hacerlo, no solo nuestra vida será más fácil, nosotros nos convertimos en un poderoso facilitador.

 
Nos convertimos en un puente entre los mundos.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

EMOCIONES PRISIONERAS





A veces, quisiéramos correr como lobos y encaramarnos a la montaña más alta para poder aullar y contarle a la luna todo lo callado, todo lo escondido y jamás dicho en voz alta. Quizás podamos hacerlo pronto, cuando la indecisión, las apariencias y el miedo al “qué dirán” no sean más que una molesta bruma.
Vivimos en una cultura que se resiste a la emoción, todos lo sabemos. Tanto es así, que cuando un niño cumple cinco años empieza ya a desarrollar ciertos mecanismos de represión, contendrá las lágrimas, se guardará ciertas palabras y bajará el rostro, cumpliendo así parte de esos mandatos tan habituales en el mundo de los adultos, a saber: “no llores, no digas, no expreses” (Robert Lee Frost)
Iniciarse desde bien temprano en “la cultura de las emociones prisioneras” no tiene una única consecuencia. No solo supone llegar a la madurez siendo un esclavo de los silencios y las verdades, a menudo, el niño al que se entrena en el aprendizaje de la emoción soterrada, acaba encontrando múltiples formas a través de las que expresar lo escondido, canales por donde emerge a menudo la agresividad, la rabia o el desafío constante.
Decía Sigmund Freud que la mente es como un iceberg. Solo la séptima parte de ella emerge fuera del agua, el resto, yace soterrado, sumergido en un universo helado donde habita todo lo callado, lo reprimido y todas las palabras que hemos elegido reservar por miedo a las consecuencias.
En más de una ocasión, cuando un conocido nos ha preguntado aquello de “¿Te ocurre algo? No tienes buena cara”, hemos respondido con un apresurado “No, no. Estoy bien. Todo va bien”. Con esa frase sellamos una retirada a tiempo, utilizando un formalismo común que todo el mundo practica el de las falsas apariencias. Porque a nadie le importa que nuestras partes rotas se sostengan en un hilo, porque entendemos que el dolor emocional es para los rincones privados de uno mismo.
No obstante, el verdadero problema nace muchas veces de nuestra incapacidad para desahogarnos ante personas que nos importan, No lo hacemos porque pensamos que “exhibir” el dolor, la molestia o la inquietud supone perder nuestro poder personal.
De algún modo, el revelarle a los demás que no somos felices , por determinadas circunstancias o por hechos muy concretos, hace que desarrollemos cierta “codependencia”, es decir, nos sentimos más responsables de cómo reaccionan los demás ante este hecho en concreto,, que de nuestras propias circunstancias.
 Atribuirle más valor a la posible reacción ajena que al problema de base hace que optemos por dejar las cosas como están. Hemos callado tanto tiempo que aguantar un poco más, a nuestro parecer, no importa. Pero no es conveniente. Nadie es un eterno funambulesco de sus propias cuerdas flojas, porque tarde o temprano esa cuerda se romperá y acabaremos cayendo. Lógicamente, cuanto más alto hayamos escalado en esta dinámica, el golpe y las consecuencias serán mayores.
Eres todo lo que has callado, pero mereces ser libre.
Este dato es curioso y vale la pena recordarlo: cuando algo nos desagrada, nos hace daño o nos molesta, como una palabra de agudo desprecio, el cerebro tarda apenas 100 milisegundos en reaccionar emocionalmente. Más tarde, en apenas 600 milisegundos registrará esa emoción en nuestra corteza cerebral. Para cuando nos digamos a nosotros mismos aquello de “no me afecta lo que he escuchado, voy a hacer como si no me importara”, ya será tarde, porque nuestros mecanismos cerebrales ya han codificado ese impacto emocional.
Nos han enseñado que demostrar nuestras auténticas emociones es malo, que quien dice la verdad agrede y que siempre será mejor hacer uso de una mentira sutil antes que poner en voz alta una amarga verdad. Pero no es cierto. Se puede ser asertivo sin ser agresivo. Es más, sería bueno que empezáramos a cambiar la clásica idea de que la emoción es lo opuesto a la razón, porque tampoco es cierto.
Permitirnos experimentar plenamente los sentimientos nos ayuda muchas veces a entender nuestras necesidades. Ofrece luz a muchos vacíos de pensamiento donde a menudo, los llenamos de falsas ideas: “si aguanto un poco más, las cosas pueden mejorar”, seguro que no sentía lo que me ha dicho, mejor hago como si no pasara nada”. Entender, escuchar y sentir en plenitud nuestras emociones es una necesidad vital que practicar cada día.
Debemos iniciarnos en el arte de la asertividad, en el sano ejercicio del “yo siento-yo merezco”. Debemos aullar a la luna, a la noche y al día todo lo que somos, lo que necesitamos y lo que valemos. Ya basta de priorizar en cada momento y a cada segundo las emociones ajenas a las propias. Es el momento de vivir sin miedo.  

sábado, 9 de noviembre de 2019

NO SE PUEDE VOLVER ATRÁS





Hay heridas que en lugar de abrirnos la piel nos abren los ojos. Cuando eso ocurre, no cabe otra opción más que coger los pedazos rotos de nuestra felicidad perdida para recomponer la propia dignidad. Un amor propio necesario para seguir adelante con la cabeza alta y la mirada firme, sin mirar atrás, sin mendigar realidades imposibles.

Este acto de descubrimiento o toma de conciencia de una verdad no siempre llega tras un acto doloroso que nos golpea sin esperarlo y sin anestesia. A veces acontece de forma sibilina, tras muchos pocos que al final hacen “un mucho”, como un rumor discreto pero persistente que al final nos convence de algo que quizá ya sospechábamos casi desde un principio.

MIRAMOS PERO NO VEMOS.

Dentro de una concepción más espiritual, es común hablar de lo que se conoce como el “tercer ojo”. Es, sin duda, un concepto interesante y curioso que en sus raíces tiene mucho que ver con esta misma idea.

Para el budismo y el hinduismo en este ojo se localiza nuestra conciencia y esa intuición que favorece un adecuado despertar personal. Un nuevo estado de atención en el que podemos percibir ciertas cosas que en otros momentos se nos escapan.

Porque ese es quizá el mayor problema que tenemos las personas: miramos pero no vemos. En ocasiones, nos dejamos llevar por nuestras rutinas hasta desdibujarnos en la insatisfacción. También es habitual que nos dejemos atrapar en relaciones en las que lo damos todo, sin percibir que lo que obtenemos a cambio es el veneno de la infelicidad.

Abrir los ojos a estas realidades no es un simple despertar a la conciencia, es un acto de responsabilidad personal.

Es momento de abrir los ojos

Fue Aristóteles quien dijo que son nuestros sentidos quienes se limitan a captar la imagen del mundo exterior como un todo. En este sentido, solo cuando hay una clara voluntad podemos ver la verdad, es entonces cuando la mente toma un contacto auténtico con lo que le rodea y sus reveladores detalles.

Conseguirlo no es fácil. Se necesita intencionalidad, intuición, sentido crítico y, ante todo, valentía para ver las situaciones y circunstancias reales, y no como nos gustaría que fueran.

Decir que muchos andamos por nuestra realidad con una venda en los ojos puede sonar desolador, pero cuando las personas acuden en busca de un terapeuta para encontrar el origen de su ansiedad, su cansancio, su mal humor y de esa apatía vital que les quita el ánimo y la esperanza, el profesional realiza varios descubrimientos.

A veces hay una férrea resistencia a ver las cosas tal y como son en realidad. “Mi pareja me quiere. En ocasiones me trata mal, pero cuando arreglamos las cosas, vuelve a ser esa persona maravillosa que tanto me ama”. “Tuve que dejar la relación con esa chica porque a mis padres no les agradaba, pero ellos siempre han sabido lo que era mejor para mí..”

Las personas nos negamos muchas veces a ver las cosas tal y como son por diferentes razones: por temor a vernos a nosotros mismos y descubrirnos, por miedo a tener que afrontar una verdad, por temor a la soledad, a no saber cómo reaccionar…Estas resistencias psicológicas son obstáculos mentales, mecanismos de defensa que alejan la felicidad.

No se nos puede olvidar que la felicidad es, por encima de todo, un acto de responsabilidad. Porque cuando por fin uno lo consigue, cuando logramos abrir los ojos, ya no hay vuelta atrás: es momento de actuar.

COMO APRENDER A ABRIR TUS OJOS

Un modo sencillo, práctico y útil de aprender a abrir los ojos a la verdad es dando un descanso a nuestra mente. Sabemos que puede resultar paradójico, pero no se trata de silenciarla, de apagarla o quitar las llaves al motor de nuestros procesos mentales. Se trata, simplemente, de desacelerar para encender ese “tercer ojo” del que hablan los budistas.

PASOS QUE HAY QUE SEGUIR

Sitúate en un lugar relajado, libre de estímulos que capten la atención de tus sentidos más físicos (sonidos, olor, sensaciones de frío, agobio o presión ambiental)
Cuando intentamos aquietar la mente, es común que al instante, irrumpan molestos pensamientos automáticos, intrusivos y carentes de utilidad: cosas que hemos hecho, que hemos dicho, que nos han pasado, que otros nos han dicho…

Cada vez que llegue hasta ti uno de estos pensamientos intrusivos, visualiza una piedra que es lanzada a un estanque. Imagina como cómo impacta contra la superficie del agua para después, desaparecer.

A medida que logremos controlar y apartar los pensamientos automáticos y sin utilidad, llegarán poco a poco esos otros donde se inscriben los miedos, las molestias, e incluso esas imágenes que se hallan grabadas en nuestro subconsciente y a las que no habíamos prestado atención (una falsa sonrisa, una mirada despectiva..)

Es momento de reflexionar sobre esas sensaciones e imágenes para preguntarnos  por qué nos hacen sentir mal. Lo importante es evitar justificaciones y juicios rápidos (mi pareja me ha dicho esa palabra despectiva porque seguramente, yo lo he provocado)

Debemos ver las cosas tal y como son, aunque nos parezcan crudas, aunque descubramos que son terriblemente dolorosas.

Para que este ejercicio traiga resultados y nos permita abrir los ojos debemos practicarlo a diario. La verdad ascenderá tarde o temprano hasta nosotros para quitarnos la venda de nuestro corazón y esos cerrojos donde nos hallábamos atrapados e insatisfechos.

Tras esto, ya no seremos los mismos y solo cabrá una opción, una salida y una obligación personal: mirar hacia delante, hacia nuestra propia libertad y felicidad. Quedarse atrás queda ya terminantemente prohibido.


lunes, 28 de octubre de 2019

ALIMENTO PARA TU PIEL





La rúcula 


Tu piel estará elástica y protegida con rúcula. Las hojas de rúcula poseen antioxidantes que aumentan la resistencia de la piel a las radiaciones ultravioletas del Sol. Protegen la elasticidad de la piel y previenen infecciones. Además aporta nutrientes y compuestos amargos que favorecen la digestión.

Es muy rica en ácido fólico (80 g aportan el 40% que se requiere al día) y vitamina C (el 20%). Su contenido en calcio es también notable: 80 g cubren más del 15% de las necesidades diarias. Disfruta de la rúcula en ensaladas con otras hojas, tomate y aceitunas; o en la pizza, añadiéndola justo antes de servirla.

Las brevas.

Las brevas que puedes consumir de mayo a junio son higos que no maduraron el verano pasado y se quedaron todo el invierno en el árbol como pequeños botones. Son más grandes y más dulces que los higos. 

El betacaroteno y el zinc de las brevas ayuda a mantener la salud de la piel. Además el látex de su piel se usa en medicina natural para tratar las verrugas y la psoriasis.  Son ricas en fibra prebiótica, que refuerza la microbiota, y en calcio (34 mg en 100 g).

El plátano.

El plátano es oro para la dermis. Fácil de llevar y pelar, el plátano es un tentempié ideal porque ofrece  una ración de energía en cualquier momento, gracias a su riqueza en hidratos de carbono. No tires la piel, pues la puedes añadir a tus smoothies para enriquecerlos con luteína, un compuesto que protege la salud de la piel y de los ojos (previene la degeneración macular.

El potasio que contiene lo convierte en un aliado frente a la hipertensión arterial que compensa el efecto del sodio, demasiado abundante en la dieta que la mayoría de personas. También aporta magnesio (36 mg/100 g) y vitamina B6 (o,37 mg).

Es un regulador de la digestión, el plátano algo verde puede ayudar a frenar las diarreas y el bien maduro alivia el estreñimiento. Otra propiedad es que protege la mucosa del estómago y de los intestinos.

Aguacate contra la inflamación

El aguacate es una fruta extraordinaria por su pulpa rica en grasa saludable. Además se puede extraer de ella un aceite con múltiples propiedades beneficiosas. Para extraer el aceite solo hay que hacer un puré con la pulpa calentarla y separar la fibra.

La grasa monoinsaturada predomina en su composición con el 71 % de los ácidos grasos. El resto son saturados (13,5 %) y poliinsaturados ( 12%) con una pequeña dosis de omega-3. Este perfil graso favorece el control del colesterol (reduce el malo y aumenta el bueno) y de la hipertensión arterial.

En la artrosis y la artritis, la ingesta de aceite de aguacate puede resultar beneficiosa por sus propiedades antiinflamatorias. Puedes utilizarlo en la preparación de recetas igual que el aceite de oliva.

El albaricoque.

Los albaricoques rebosan de vitaminas antioxidantes C y A (esta en forma de betacaroteno) 100 g aportan respectivamente el 20 y el 40 % de las necesidades diarias. Es una fruta antiaging porque las vitaminas, junto con las catequinas y otros flavonoides, actúan contra los radicales libres que dañan los tejidos del cuerpo. La piel es una de las beneficiadas con el consumo habitual.

El melón.

El melón charentais, que se caracteriza por las estrías oscuras que parecen dividirlo en gajos, es una variedad de cantalupo, todavía más aromática. La pulpa anaranjada es rica en provitamina A (16 g mcg/100 g ), buena aliada de la piel, la vista y las mucosas. Y también en vitamina C, que refuerza el colágeno. Puedes obtener hasta el 85 % de la vitamina C que necesitas cada día comiendo 3-4 buenas rodajas ( 200 g, casi la mitad de un melón )

Además te hidratara, pues como la mayoría de las frutas es agua en un 90 %. Ingerir una cantidad suficiente de agua es importante para la piel, y también para el funcionamiento del corazón, los riñones y el sistema digestivo.


TU CUERPO




La conciencia y tu cuerpo deben de estar en armonía, ya que forman un TODO.

Día y noche tú cuerpo está trabajando para ti, está a tu servicio. Hace todo lo necesario para tu supervivencia, para tu vida, aunque tú nunca le hayas dado ni siquiera una vez las gracias.  El amor y la compasión son necesarios para tu cuerpo y su nutrición, ya que cuanto mejor este tu cuerpo mayor será la probabilidad de hacer crecer tu conciencia. Tu cuerpo es una unidad orgánica que debes respetar y conocer con detalle.

Cualquier educación que no enseñe a cuidar, querer y tener compasión de tu cuerpo, tampoco te enseñara a entrar en tu propia conciencia.

El cuerpo es la puerta para fusionarte con tu YO.

EXAMINATE.

Siente como tienes una armadura a tu alrededor; no está adherida a ti, cuando tú quieras puedes quitártela, tirarla. La armadura está muerta; si tú no cargas con ella, desaparecerá. Pero tú, no solo la estas cargando sino que también la estas alimentando continuamente.

Si te fijas, todos los niños fluyen. No tienen partes congeladas en ellos; todo su cuerpo es una unidad. No existe división; no hay demarcaciones. Sin embargo, poco a poco estas demarcaciones empiezan a aparecer. Entonces la mente se convierte en jefe, toma el mando, y todo tu cuerpo se divide en partes. Algunas son aceptadas por la sociedad y otras no. Hay partes que la sociedad considera “peligrosas” y tienen que ser anuladas.

Esa es la raíz de todo el problema. Para resolverlo debes observar en que partes de tu cuerpo tienes limitaciones, tan solo tienes que hacer tres cosas.

Una: Caminando, sentado o tumbado espira profundamente. El énfasis tiene que estar en la espiración, no en la aspiración. Espira profundamente, sacando todo el aire que puedas, suelta el aire por la boca poco a poco. Cuando todo el aire que había en tu cuerpo haya salido, el cuerpo aspirara; no eres tú el que debe aspirar, tu cuerpo lo hace por ti.

La espiración debe ser lenta y profunda y la aspiración debe de ser rápida. Este ejercicio modificara la armadura cerca del pecho.

Dos: Si puedes comenzar a correr hazlo; si lo prefieres camina un rato. Visualiza mientras caminas como un peso está desapareciendo de tus piernas, como si estuviera cayendo, poco a poco, tus piernas están volviéndose ligeras.

La armadura de tus piernas se formó si tu libertad fue restringida, si se te ha ordenado que hacer, como ser y adonde ir. Mientras caminas, presta atención a la espiración. Cuando recuperes la fluidez en tus piernas notaras un gran flujo de energía en tu cuerpo.

Tres: Por la noche, cuando vayas a acostarte desvístete, mientras te quitas la ropa imagínate que vas quitándote partes de la armadura que llevabas puesta. Despójate de ella lentamente, conscientemente, libérate de la presión de todos los conceptos que te estaban aprisionando. Estirando todo tu cuerpo realiza  una respiración profunda; después vete a dormir, sin armadura, con total libertad, sin restricciones.

Y recuerda…cuida de tu cuerpo…es el único lugar donde tienes que vivir.

jueves, 10 de octubre de 2019

A VECES SER FUERTES NO ES UNA ELECCIÓN....




A veces, la vida nos pone piedras en los bolsillo para que descendamos hasta la más cruda realidad. Es entonces cuando no queda más opción que la de ser fuerte, conjugar la armadura con la espada, actuar con inteligencia y aprovechar la energía de un corazón inoxidable. Sin embargo, tarde o temprano la entereza se apaga, se rompe, se agota...

Cuando leemos algún clásico sabemos casi al instante en qué momento la fatalidad comienza a hacer sombra. Leer a Virgilio, a Shakespeare o a Dickens supone aguardar ese momento en que surge esa grieta que todo lo altera, ese pliegue que todo lo contiene y lo cambia. Como lectores curtidos que somos, sabemos anticipar incluso en qué instante se va a desencadenar la traición, la trampa, el error o la tragedia.

Sin embargo, en el escenario de nuestras vidas, menos literarias y con más aristas, rara vez anticipamos que el curso natural trama alguna sutil venganza contra nosotros. Pocos logramos anticipar cuando avanzamos en línea recta centrados en nuestros sueños, de quehaceres y proyectos, que el destino tiene otro plan: abrir una trampilla bajo nuestros pies para susurrarnos aquello de "ahora toca esperar, ahora tus ilusiones quedan (al menos) aplazadas".

Nadie nos explico nunca qué es eso llamado adversidad; de hecho se presentó ella misma, en primera persona, como maestra. A muchos, nos educaron bajo la promesa de que quien se esfuerza obtiene recompensas; que si amas, cuidas y atiendes no abandonan; que si confías, las cosas buenas llegan.

Sin embargo, la vida suele tener a veces una brújula mal calibrada, de esas que no marcan el norte, de esas donde se nos obliga a ir por el camino más largo, el más duro, el más complejo...ahí donde no queda otra opción más que la de ser fuerte (o parecerlo) al menos para que el destino se asuste y achante la "mui")

Sí, la persona fuerte tiene más riesgos de sufrir depresiones.

En la actualidad, hay muchos libros de autoayuda y artículos de crecimiento personal obsesionados en enseñarnos cuáles son las 7, 8 o 12 características  de las personas "fuertes". Existe la idea equivocada de que la debilidad o la vulnerabilidad nos abocan irremediablemente a la enfermedad mental.

Así, siguiendo esta línea argumental, ser "mentalmente fuertes" nos permitirá capear, evitar y defendernos con eficacia de los trastornos de ansiedad o esa distima que nos atrapa y que difícilmente nos deja escapar. Todo tiene matices, no lo olvidemos: las personas acostumbradas a ser fuertes son las que tienen mayor riesgo a la hora de desarrollar una depresión. Pensemos, por ejemplo, en los cuidadores que atienden a sus familiares dependientes. 
Pensemos también en el padre o la madre de familia cuyo cónyuge está desempleado y tiene sobre sus espaldas múltiples responsabilidades, más allá incluso que las económicas.
Pensemos , por qué no, en muchísimos profesionales que ocupan y preocupan sus vidas ayudando a otros,  a colectivos desfavorecidos, a niños con problemas, a mujeres que sufren maltratos.....

A menudo, luchamos por mantenernos fuertes por los demás, por ofrecer la mejor versión de nosotros mismos y conferir así seguridad, solvencia, eficacia, cercanía, esperanza y positividad. Sin embargo, no nos damos cuenta de que lo que hacemos muchas veces es "actuar", seguir un papel que nosotros mismos nos acabamos creyendo: eso sí, sin saber que nos estamos traicionando.

Traicionamos nuestros sentimientos más genuinos, esos que se alborotan en nuestro interior; miedos, incertidumbres, ansiedad, sensación de soledad... Hasta que tarde o temprano "nos rompemos", y lejos de pedir ayuda, nos callamos; o lo que es peor, seguimos priorizando  obsesivamente las necesidades o los deseos de los demás....

Si ser fuerte es tu única opción, permite aceptar tu propia vulnerabilidad.

Todos lo tenemos claro, en el libro de nuestra vida también hay epopeyas, también hay retos que no pedimos, tragedias que nos vinieron dadas y pruebas de valor que estamos obligados a sortear. Sin embargo, en esta narrativa del día a día donde a menudo se nos ve como héroes porque podemos con todo y donde no osamos emitir una queja o una lagrima, hay una falta de ortografía que cometemos constantemente: descuidarnos a nosotros mismos.

Si ser fuerte es tu única opción acepta tu vulnerabilidad, porque lo vulnerable no trae debilidades, sino la conciencia de que a veces necesitamos detenernos y simplemente, respirar profundo. Ser fuerte no es ignorar el enfado o la contradicción, no es perdonar un diez y cien veces lo que hace daño hasta perder la dignidad. Ser fuerte no es tampoco actuar con dureza, imponiendo las propias perspectivas para crear entornos autoritarios con el fin de mantener el control sobre lo que nos rodea.

En realidad, lo que nos hace débiles es ocultar nuestro propio "yo" al mundo. Si nos preocupamos en exclusiva por mantener nuestra reluciente coraza para aparentar eficacia, fortaleza y la apariencia de que podemos con todo y más, aumentando de forma progresiva esa distancia insalvable entre lo que "soy" y lo que "muestro", entre lo que "ofrezco" y lo que verdaderamente "necesito" en un momento dado.

Así, una forma de hacer uso de esa llave resiliente que abre la puerta de nuestra autoestima consiste en revelarnos como seres genuinos en cada momento. Porque uno puede ser fuerte, pero al mismo tiempo capaz de pedir ayuda cuando así lo necesite. Porque tampoco es menos fuerte quien en un momento dado favorece el desahogo emocional para aunar fuerzas...

Para concluir, ser fuerte en un mundo donde no se entiende el valor de la vulnerabilidad dificulta sin duda nuestra capacidad para favorecer ese bienestar psicológico que necesitan nuestros auténticos héroes. Esos que cuidan de los demás, esos que en un momento dado, se vieron obligados a encarar la adversidad sin que nadie les previniera antes de que la vida, a veces, es mucho más dura de lo que nos explican los libros....

jueves, 3 de octubre de 2019

SOMOS CONCIENCIA





En el momento actual en que se encuentra la humanidad, la mente de todos nosotros funciona de forma hiperactiva, nuestro pensamientos van rápidamente malgastando cantidades enormes de energía pasando de vivir en el pasado a sentir cólera, ansiedad, miedo y todo tipo de deseos, situaciones y sentimientos con los que convivimos y, que convierten nuestra vida en un laberinto del que en ocasiones no podemos escapar.

Funcionando como un coche con piloto automático, pocas veces nos damos cuenta de que estamos bloqueando nuestra conciencia, tenemos tantas preocupaciones, que no somos conscientes de ello.

La conciencia, no es ni una idea ni una emoción. Tampoco es algo físico que puedas utilizar, por lo que solo la podemos conocer experimentándola. Los pensamientos y las emociones son formas mentales, aunque no podemos tocarlos como las cosas materiales, no por eso dejan de ser objetivos, todo lo que existe en el universo es individual y único, cada objeto es separado e identificado por si forma.

Cuando nos identificamos co los pensamientos nos vemos sumergidos en una colección de “cosas”, esperanzas, recuerdos, preferencias etc. Cosas que llamamos “nuestra vida”. Pero si detuviéramos nuestros pensamientos nos daríamos cuenta de que nada de esto existe, es en ese momento cuando solo hay conciencia pura. Entonces nos damos cuenta de que somos: CONCIENCIA

Durante toda nuestra vida, mientras nuestro Cuerpo/mente estaba ocupado con distintas experiencias, nuestra conciencia permanecía vigilante, como un testigo atemporal. Los aspectos de nuestra vida seguirán cambiando, pero nuestra conciencia permanecerá siendo un testigo inmóvil de la película que llamamos vida.

Por mucho que lo intentemos no podremos comprenderla, ni controlarla ni manipularla, al no existir como una cosa física, respecto a nuestra mente, ésta considera que no existe.

Esa es la cuestión a la que nos enfrentamos, llegar a conocer algo que “no es”, de forma más íntima de lo que conocemos nuestras propias mentes. Algo que carece de límites y por lo tanto no hay nada de ella que pueda cambiar. Todo cambia y termina dejando de existir, ya que el cambio es la única constante en la esfera de lo creado, solo la conciencia dura para siempre, nunca cambia, nunca muere.

Es el terreno del amor eterno y la paz infinita, es la Fuente de la que un día partimos y a la cual volveremos para Unificarnos en la Totalidad, siendo al fin solo UNO.